martes, 6 de enero de 2015

Perdida en Av. del Imán

¡Hola queridos lectores del espacio!
Hoy tuve un día largo, el clima sigue terrible, las calles vacías y ¿saben qué? fue un día maravilloso... hoy de camino a mi destino estaba pensando en lo poco que extrañaba el transporte público de esta ciudad, ya que en provincia uno puede transportarse fácilmente por la ciudad dando algunos pasos, sin embargo aquí hay de todos los medios posibles, para evitar que "llegues tarde". Justo estaba pensando en lo poco que había extrañado ver el metro, y sus muchos inconvenientes.
Pero cuando pasé por la librería de viejo en la que suelo comprar un libro me guiño un ojo y tuve que llevarlo conmigo, el encargado de la tienda agregó un descuento y me deseo feliz año, así (el libro se llama: El rabino que tenía hambre en Sábado) salí de nuevo rumbo a Taxqueña con la esperanza de llegar pronto.
Una vez en metro Viaducto al pasar los torniquetes me encaminé hasta las escaleras eléctricas pero estaban ocupadas, cual fue mi sorpresa ver a un señor con muletas intentado montar aquel aparato, nadie paraba a ayudarle... regrese mis pasos y le ayudé como pude.  El me llenó de bendiciones y palabras reconfortantes.
Sin embargo al subir al camión el señor no escuchó mi destino y me bajé antes de lo necesario...  caminé muchísimo para encontrar mi destino. Casi me pierdo en Avenida del Imán.
Creo que a pesar de haberme perdido, disfruté mucho el día de hoy, fui capaz de entender algunas cosas. Hoy hablé del tiempo, la vida, las decisiones, las amistades y las cosas que tienen que pasar.

Bueno... ya, hoy les seguiré contando un poco más de la historia de ayer. Como pudieron adivinar Soledad es la protagonista de esta historia y el "tío" hipster es el otro polo. Entonces sigamos y aprendamos lo que no se debe hacer...

"En la jardinera"

-El juego de los mensajes 1-



Para ella pasar los días frente a la pantalla de cualquier consola era una ganancia, recordaba el tiempo en el que trabajaba y esos juegos parecían todos tentaciones capaces de arruinarle los proyectos. Ahora eran sus más leales amigos, que siempre estaban ahí para contar una historia y nunca dejarla sola. Los compañeros perfectos para una época de depresión infinita.

Y era uno en especial el que le robaba descaradamente las horas de sueño, una consola portátil de última generación, moderna y capaz de enviar mensajes a las consolas cercanas a su domicilio. Fue aquí donde inició todo, como se podría saber que un "HOLA" podría ser mortal, una trampa, el destierro eterno a la tierra del amor inconmensurable. Y así fue.

Aquella mañana doce solicitudes de amistad le llenaban la bandeja de novedades y un pequeño destello azul se hacía notar por un extremo del aparato, sin ninguna clase de delicadeza, Soledad cogió la correa del aparato para así acercarlo a su rostro e iniciar su rutina matutina (juegos de puzzley y pinball).

Cuando estaba a punto de abrir las aplicaciones, decidió que era mejor idea abrir la bandeja de solicitudes para no tener ninguna interrupción a lo largo de los juegos, siempre era así, los juegos para juntar "amigos" provocaban aquel torrente de solicitudes, excepto por la doceava solicitud, esa era de algún modo diferente, pero Soledad estaba a punto de descubrirlo.

Nochtli

(no olviden al chico hipster, barbón feliz)

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