domingo, 29 de abril de 2018

Como la lluvia...

Últimamente aquí en mi país llueve mucho, de verdad, muchísimo.
Me ha hecho pensar  muchas cosas. Por ejemplo que sería genial que nevara aquí, el paisaje es lindo y el frío se siente bien en la piel, pero también pensé que si nevara, no tendríamos toooodo lo que tenemos, y la verdad es que tenemos muchísimo para compartir con el mundo. Esa es de las cosas más básicas que pensé, porque conforme la lluvia pasa, la mente se dispersa y se vuelve sentimental, se pone a pensar en los detalles y se detiene en la nostalgia. Eso sucede con la lluvia.
Y mientras los sentimientos fluían, recordé una escena entre el señor barba y yo.
Ya les he contado lo mal que lo pasé con Jonathan, pero por mi bien y por el suyo, no debo quedarme con los malos momentos, debo sostener los momentos más bellos y guardarlos entre mis manos con amor y cariño. Y eso haré.
Es verdad que es una persona bastante egocéntrica, pero... pienso que es así desde mucho tiempo atrás, y que mantiene esa postura por que le ha funcionado para llegar todo lo lejos que ha llegado, y una cosa que debo decir y que probablemente debí decirle más... es que estoy orgullosa de él. Aunque le dije lo mucho que lo admiraba, quizá no fue suficiente, pero no quería hostigarlo, o que pensara que tenía algún interés de por medio. Jonathan me gustaba por sus momentos cariñosos, por su manos cálidas, por sus palabras suaves. Lo amaba como las plantas aman a la lluvia que cae suavemente. Era para mi una brisa refrescante.
Una vez atrapados bajo una lluvia torrencial le pedí de puntillas que no olvidara ese momento. Yo traía puesto un largo impermeable blanco con un dibujo de Totoro, y él solo me miró y sonrió.
Si pudieran ver ahora en mi corazón entenderían por que me dolió tanto su actitud. Nunca le agradecí lo suficiente... porque una parte de mi piensa que no lo merecía y es parte enamorada, cree que debí hacerlo más.

Últimamente viene a mi como la lluvia. Primero un poco, luego mucho, tanto que no logras ver el fin y cuando por fin amaina pequeñas gotas van de mis ojos al mar.
Te perdono Jonathan, y me perdono a mi misma. Nos dejo libres como esas dos gotas de lluvia.

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